Durante tres meses los blogueros colombianos Camilo Javier Osorio Yepes y Anllily Gómez Lagos, autores de Senda Utópica, recorrieron diversos sitios turísticos de Bolivia. Esta pareja que lleva un año viajando por diferentes destinos del mundo “al dedo” y haciendo dinero por la senda relatan en este artículo escrito para La Región su experiencia por nuestro país.


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“Nos apasionan varias cosas en la vida, la primera es viajar, sin duda. También nos gusta saborear las culturas y dejar una huella positiva en cada lugar que visitamos, nos encanta la fotografía y sentimos gran fascinación por compartir conocimientos, es por eso que el objetivo fundamental en este momento de nuestra existencia es hacer que te atrevas a cumplir tu sueño de viajar”
Milo y Ly
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Cuando entramos a tierras bolivianas no esperábamos encontrarnos con toda la magia que tiene este país. Al pasar cada día envueltos en una aventura diferente y encantadora queríamos duplicar el tiempo que recorreríamos Bolivia. Después de todo, tres meses es muy poco para conocer todas las maravillas que aquí habitan. Por esta razón, ahora entendemos a aquellas personas que se mudan de sus países caóticos para venir a buscar un poco de tranquilidad en este pacífico y hermoso país.
Tuvimos la oportunidad de ingresar a Bolivia por Copacabana, así que lo primero que vimos fue el Lago Titicaca, imaginen nuestra expresión: ¡Para qué mar con este Titicaca!
Cuando vimos la inmensidad de este lago quedamos impresionados y nos atrevimos a expresar que parecía el mar, con sus playas, bahías, muelles, olas y la superficie invisible al otro lado. Un espectáculo visto desde varios ángulos, en el que sin duda debemos varias de las mejores vistas a las Islas del Sol de La Luna.
Al empezar a adentrarnos en la extensión boliviana fue imposible no notar la poca
población que habita en una superficie tan grande. Sin embargo creemos que gracias a eso la naturaleza de este país se encuentra tan intacta.

Copacabana.

Llegamos a La Paz, una ciudad que parece un trozo de luna en la tierra, debido a sus formaciones montañosas, una ciudad con tanta altura que la respiración nos falta a los extranjeros con tan solo subir una escala. Una ciudad protegida por una cadena de nevados que la decoran con ahínco.
Luego de eso visitamos la ciudad arqueológica de Tiwanaku, un centro religioso y político de una cultura mucho más antigua que los Incas, comparado a menudo con el Stonehenge de Inglaterra, siendo nombrada como “El Stonehenge de América”, dada su similitud como templo astronómico.
Días después, en se atravesó nuestro camino un lugar que era todo un reto en sí y aunque no estaba en la lista, fuimos en busca de su conquista. A
5.038 metros sobre el nivel del mar en el emplazamiento más perfecto que habíamos visto en nuestras vidas, protegida en medio del Illampu -el nevado que da inicio a la Cordillera Real y su hermano el Ancohuma- estaba este lugar: La Laguna Glaciar. Con su color único en el mundo refleja el cielo y asimismo el grandísimo trozo de hielo que la alimenta. Ese paisaje hace de este sitio uno de los mejores de todo nuestro viaje, de un año de viaje.

Siguiendo el recorrido, nuestro destino próximo era una ciudad al principio no muy atractiva y que luego se convirtió en nuestra favorita:Cochabamba, un valle en medio de la Cordillera de los Andes. La capital gastronómica de Bolivia, que tiene una mezcla entre arquitectura moderna y colonial: el encuentro perfecto entre naturaleza y urbanismo, riqueza cultural y diversidad de costumbres. ¿Cómo no enamorarse de algo así?…
Y como si fuese poco, en el departamento con el mismo nombre, conocimos el paradisiaco y amazónico Chapare, una provincia donde cualquier viajero desearía perderse por unos días. Allí fue fácil ver varias especies de monos y poder compartir con ellas, además de una cantidad abismal de aves y frutas que tampoco querrás dejar de apreciar.

Mono Ardilla en Villa Tunari.

¡Qué decir de los dinosaurios! Ellos sí que jugaron un papel importante en la historia boliviana, pues en ningún país vimos más huellas de estos impresionantes animales, que aquí. Toro Toro es un lugar que tiene el poder de teletransportarte a ese pasado, 100 millones de años atrás en el tiempo y Sucre, la capital del país, no se queda atrás, pues cuenta con el yacimiento con más huellas de dinosaurio en el mundo; más de 5.000 en el Cal Orcko.

Cal Orcko en Sucre.

Nos aproximamos a Oruro con el fin de tomar el tren que nos llevaría a Uyuni,
pues queríamos vivir la experiencia del Salar completa, sin perdernos un solo
detalle aunque a medida que nos acercamos pensamos más en la posibilidad de que tal vez no fuese tan bonito verlo en época de sol, pues no iríamos a ver el llamativo reflejo de las fotos más famosas del Salar de Uyuni si no había lluvia. Pero al llegar allí y ver ese inmenso desierto salino blanquísimo, con los atardeceres más alucinantes que vimos en nuestros más de 23 años de vida, cambiamos de opinión y por eso ahora te aseguramos que cada ser humano en el mundo debería ir a apreciar esta maravilla en ambas épocas.
Pero ahí no acaba todo porque si el Salar de Uyuni debería ser declarado una maravilla natural del mundo, la Reserva Eduardo Abaroa, que yace al costado del Salar y cuyo límite llega hasta la frontera chilena, debería ocupar el primer lugar de esa lista, pues imagina solo ver lagunas de colores impresionantes.

Las formaciones rocosas más extrañas, desiertos con las curvas más perfectas que jamás hayas visto, termales naturales en un terreno tan frío, animales libres en todo su esplendor, géiseres furiosos que comprueban no ser del planeta tierra y muchas otras cosas que te dejarán anonadado.
Nos dimos la gran oportunidad de seguir descubriendo Bolivia y por ello terminamos caminando en las calles coloniales de Potosí, intentando imaginar que este lugar fue uno de los más ricos del mundo. Descubrir que fue nombrada en la famosa obra Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, fue asombroso. Al igual que ver el gran Cerro Rico del cual extrajeron una cantidad inigualable de plata, sitio que hoy en día está abierto a los turistas que quieren adentrarse en las minas con más historia del mundo. No podíamos quedar sin mencionar la histórica Casa de la Moneda, una de las edificaciones civiles más destacadas de América latina. Fue oro poder estar allí.

Potosí.

Nos quedaba faltando Tarija y aunque se encontraba lejos de donde estábamos, eso no fue impedimento para viajar hasta el sur de Bolivia. En este encuentro sentimos que nos devolvíamos en el tiempo de nuevo y no precisamente por las edificaciones sino por estar frente al asombroso museo paleontológico de la ciudad. Un espacio donde se concentran muchísimos restos de animales, no dinosaurios sino mamíferos y quizá carnívoros de épocas posteriores. Entre ellos nos sorprendió un oso perezoso que había sido más grande que los elefantes que conocemos hoy en día.
Pero la ciudad no se concentra solo en historia, también tiene lugares encantadores llenos de agua cristalina como las pozas de Coimata, una ruta del vino que te dejará con ganas de llevarte varios y pueblos donde podrás degustar comidas y bebidas típicas como la famosa aloja de maní que encontramos en San Lorenzo.
El viaje por este destino de América del Sur, no podía acabar ahí para nosotros, teníamos que visitar la otra cara de Bolivia, así decidimos llamarla porque es una parte diferente al resto. Es donde la gente, costumbres y tradiciones varían tanto que parece que estuvieras
cambiando de país. Todo esto de lo que hablamos comienza en el pequeño pueblo de Samaipata, un lugar edénico elegido por muchos extranjeros para vivir por su tranquilidad y la naturaleza que le regala el Parque Nacional Amboró, sus cataratas, la piedra tallada más grande del mundo, los helechos gigantes y otros imperdibles que hacen de este, una joya para el turista.

El Fuerte de Samaipata

Debemos también hablar sobre Santa Cruz de la Sierra, la gran ciudad de los cambas, como se hacen llamar ellos, el sitio donde el calor empieza a hacer efecto. Desde esta ciudad llena de personas encantadoras pudimos ingresar a un mundo selvático donde vimos la vida en todo su esplendor, tan agradablemente natural que nos encantó. Si hablamos de animales, este es el lugar ideal para verlos en su hábitat natural; monos, lagartos, aves, tortugas, ardillas, serpientes y hasta osos perezosos que viven en los árboles de los parques naturales y la gente respeta sus vidas que es lo más admirable.
Y como nuestra idea era conocer a fondo este destino, empacamos una pequeña mochila y compramos nuestro tiquete de tren para ir en busca de la  Chiquitanía; lugar donde aún sobreviven las misiones jesuíticas de Bolivia y donde vimos tanta naturaleza que si tuviésemos que elegir un lugar para vivir quizá sea en medio de esa tranquilidad natural que te regalan los parajes de la misma.

Entre todo lo que disfrutamos, estuvo Aguas Calientes, el termal natural más extenso del mundo. Roboré, un municipio que tiene las mejores y más escondidas cataratas, entre ellas Los Totaizales, Los Helechos y San Luis. Chochis, con su inimaginable Torre de David o más conocida muela del diablo, el Santuario Mariano de la Torre y la preciosa cascada del Velo de la Novia hacen de este estino un lugar de belleza pura y única.
San José de Chiquitos lugar donde aún se conserva una de las impresionantes iglesias Jesuíticas de la época y el primer emplazamiento de la antigua Santa Cruz de la Sierra.
¿Por qué terminar la historia ahí? si aún no habíamos visto los bufeos (delfines rosados), por ello encuadramos nuestra brújula apuntando hacia Trinidad; una ciudad en medio de la selva que conserva la tierra de una manera espectacular y que aunque no ha sido tan explotada turísticamente como su hermana Rurrenabaque, navegar sus ríos, ver las tantas especies que lo habitan y rodean, aprender en el museo ictícola del Beni y tener la grandiosa bendición de ver sus bufeos, nos hizo tan inmensamente felices que esta fue la ciudad que nos dio la despedida de este inolvidable país que llevaremos siempre en nuestros corazones.

Bufeo en Beni.

 

 


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