La Región-La Paz / Miriam Telma Jemio Foto:principal: César Urquiola

La verde planicie de Churiaca, convertida en pista de aterrizaje, se llena de gente de todas las edades. Familias enteras de irupaneños y turistas se apoderan del lugar para sentarse con vista al cerro cubierto de espesa vegetación desde donde bajan, uno tras otro, los parapentes. Ni la lluvia ni la neblina, que este año marcó el festival “Irupanapente 2018”, los movió del lugar.

De clima cálido y rodeada de vasta vegetación, ubicada a 112 kilómetros de la sede de gobierno, Irupana se convirtió en el lugar más importante para realizar este deporte que entra en el circuito competitivo desde hace seis años, aunque allí se lo practica desde hace tres lustros.

Este año, los amantes del parapente se dieron cita desde el 24 hasta el 26 de agosto, en la pintoresca población donde el visitante cuenta con el hospedaje y los servicios necesarios para tener una placentera estadía. Su gastronomía es variada, para todo gusto, pero el chicharrón de cerdo, las parrillas y las jawitas (empanadas con queso y pintadas con jawi) son las especialidades de los lugareños.

Lo que sí tiene que probar el turista es el lojro, una sopa que está hecha con dos carnes, guineo verde y maní, dice Carlos Reguerín, quien junto a su esposa Lorena Cuevas ha convertido su espacio restaurante en el centro gastronómico oficial del Irupanapente.  Es un lugar acogedor donde los 48 pilotos (de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Bolivia), entre otros participantes, se alimentaron los tres días.

Los esposos Reguerín Cuevas tienen una granja de cerdos, por eso la especialidad de “la casa” son el chicharrón, la fritanga y el enrollado de cerdo.

Durante el Irupanapente no se habla de otra cosa en esa población. En las calles se sabe cómo va la competencia porque la gente está pendiente de si llueve mucho o si hace mucho viento, factores que determinan si se puede volar o no en los parapentes.

No solo es la comida. Para aplacar la sed hay una variedad de refrescos como el warapo. Uno de los caseros cotizados es Antonio Justo. Su puesto está en Churiaca, al inicio de la avenida Los Bibosis, un largo paseo flanqueado por hermosos árboles.

Justo cuenta que prepara el brebaje con caña quemada y molida. Tras hacer destilar en un embudo grande obtiene el fresco llamado warapo. Vende cada vaso en 2 bolivianos y una botella de dos litros en 10 bolivianos. “Se hace con agua hervida y no necesita azúcar”, dice Antonio Justo.

Mientras se ve el espectáculo en Churiaca, es usual que una simpática mujer se le acerque a uno y le diga: ¡sírvase! Se trata de Sarita Moncada, una irupanameña de 70 años, que prepara licores y mermeladas de frutas. Con una botella en una mano y la bebida servida en una tapita en la otra va invitando a todos los visitantes que participan del festival.

“El clima nos ha saboteado”, dice. Por eso quiere que la competencia sea en julio, como siempre fue. Este año lo retrasaron debido a problemas en la carretera. “Siempre llegan los jóvenes, pasan de los mil los que hacen fila para volar”, contó Moncada.

Lo que queda claro es que el festival beneficia a la población económicamente. Es un retorno, porque de alguna manera todos aportan a que el evento salga adelante. Incluso cuando elaboran el POA del municipio exigen que se destine un presupuesto para su organización y desarrollo, comenta Guimer Zambrama, uno de los miembros del comité organizador del festival.

Un destino turístico rico en historia y naturaleza

Irupana atrae a cientos de turistas cada año para el Irupanapente. Foto: Javier Vera Monzón

Pero no es solo el espectáculo del parapente que tiene para ofrecer esta población suryungueña, dotada de una biodiversidad de aves que en la tranquilidad de los amaneceres cantan mientras se posan en los árboles o se desplazan en grupo desde sus nidos cruzando el centro poblado.

Irupana está llena de historias y personajes históricos como Rafael Pabón, un notable militar de la aviación boliviana que destacó en la Guerra del Chaco.  Los restos del avión biplano que piloteaba el héroe boliviano el Curtiss-Wright CW-C14R Osprey fue hallado hace un par de meses en una estancia rural cercana a la localidad de Florida, en el Chaco paraguayo. Una réplica de su avión y el busto de Pabón se exhiben en una plazuela en el ingreso a Irupana.

Los lugareños recomiendan visitar también el río de La Planta, Chicaloma donde sus pobladores afrobolivianos cultivan la danza de la zaya, y el  Complejo Arqueológico de Pasto Grande, entre otros.

El complejo arqueológico fue declarado monumento nacional y patrimonio cultural de Bolivia y está ubicado en el cantón La Plazuela, al sur de Irupana, ocupa una superficie aproximada de 1.025 hectáreas. Este sitio arqueológico tiene gran valor cultural para la región de los Yungas y para el departamento de La Paz.

Según la Gobernación, está compuesto por diez ciudadelas antiguas, sus construcciones son de origen tiwanacota y se encuentran divididas en cuatro sectores. Estas construcciones fueron abandonadas en las proximidades del año 1172 d.c., posteriormente fue ocupada por las “Markas Aymaras de Umasuyos” y luego, fue nuevamente rehabilitada durante la ocupación incaica del hijo de Pachacutec: Topa Inca Yupanqui y de Huayna Kapac, cuando se habría restablecido la actividad agrícola en la región para el cultivo de la hoja de coca.

Avistamiento de aves

Foto: César Urquiola

Apenas amanece el canto de las aves se hace cada vez más fuerte. Una serie de aves dan los buenos días, aún en medio de la neblina. No hay que salir del centro poblado para verlas. Los árboles están llenos de pequeñas y grandes aves.

Una gran cantidad de uchis (Psarocolius decumanus),  ave de pico y cola amarilla, se observa volar de un árbol a otro. Entran y salen de los nidos que cuelgan en los árboles. Abundan en la zona. También, es usual ver grupos de loros y otras aves que pasan cantando y gritando por el centro poblado. Incluso se loas encuentra en los entretechos de algunas viviendas.

Los amantes del avistamiento de aves tienen un escenario inmenso en los cerros poblados de vegetación y árboles como el bibosi donde abunda la avifauna.

Mientras cae la suave lluvia, se ven a decenas de aves negras sobre las ramas de los bibosis, don Jorge Alanes los llama gallinazos.  Llama la atención que algunos estén sobre las ramas con las alas completamente extendidas sin volar. “Se va calmar la lluvia. Va a salir el sol”, afirma Alanes, explica que ese es un indicador. Extienden sus alas para tomar el sol. Efectivamente a los pocos minutos paró de llover y la competencia del Irupanapente se reanudó, tras estar suspendido un par de horas.

48 pilotos participaron del Irupanapente 2018

La sexta versión competitiva del “Irupanapente” contó con la participación de 48 pilotos de Brasil, Argentina, Colombia, Perú y Bolivia, cifra que sobrepasó lo planificado por Jaime Cuevas, coordinador técnico del evento, quien manifestó que este año invitaron solo a competidores de la región con el fin de privilegiar la calidad más que la cantidad.

Cuevas destacó que en esta versión del festival y la competencia se hizo por primera vez un recorrido de 27 kilómetros en la prueba de Cross, dos pilotos cumplieron toda la ruta y fueron hasta Chicaloma. Aunque la lluvia y los fuertes vientos, obligaron a reprogramar algunas pruebas, su evaluación es positiva.

El chileno Benjamín Sepúlveda y Jaime Cuevas se destacaron en las pruebas de parapente que se realizaron este fin de semana en la población yungueña de Irupana, donde se dieron cita deportistas nacionales y algunos del exterior.

En la categoría Precisión Biplaza ganó el primer lugar Benjamín Sepúlveda, el segundo fue Ricardo Guillén y el tercero Elvis Paredes. En Precisión Monoplaza, Jaime Cuevas quedó en primer lugar, Marcio Miranda fue segundo y Jhon Gómez tercero.

El equipo de “Guardianes de la galaxia” se llevó el primer lugar en el concurso de disfraces. Pilotos: Marco Aruquipa y Victor Farfan Foto: DreamPics – Parapente en Bolivia

En la categoría disfraces, el primer puesto lo ocupó Marco Antonio Aruquipa con “Guardianes de la galaxia”, el segundo lugar fue para Marcio Octavio Miranda con “dragón chino” y el tercero fue Gustavo Rubén Robledo con “diablo de los aires”.

En la categoría Open, el primer puesto lo ganó Germán Navia de Bolivia, el segundo lugar el Benjamín Sepúlveda de Chile y el tercero fue Jhon Leiderman de Colombia.

En la categoría Open B, la boliviana Emma Guzmán quedó en el primer puesto, el chileno Jacob Espinoza en el segundo y el boliviano Marcio Miranda en el tercero.  La próxima versión del festival se realizará en julio de 2019.

→ Lee también: Presencia internacional marcó el evento / Repercusión mediática del Irupanapente


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