La aventura del paiche en la Amazonía de Bolivia

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Artículo producido y autorizado para su difusión en La Región por Mongabay Latam

Fue recién en 1976 cuando se dejó ver por primera vez el paiche en Bolivia. Los descendientes de estos enormes peces se las ingeniaron para escapar de los criaderos construidos en la Amazonía peruana y atravesar la frontera hacia territorio boliviano. En apenas 30 años, los paiches se adaptaron a su nuevo hogar y se han convertido en una interesante oportunidad de negocios para comunidades indígenas de la cuenca amazónica boliviana. ¿Cómo sucedió esto? ¿Pueden los paiches generar daños al ecosistema al ser una especie “invasora”?

1. El gigante amazónico

La palabra gigante no es una exageración cuando uno se refiere al paiche ya que puede llegar a medir tres metros de longitud y pesar hasta 250 kilos. Por eso es considerado uno de los peces de agua dulce más grandes del mundo. Ese tamaño lo convierte en un depredador insaciable que vive generalmente en las cochas y llanuradas inundadas por las crecientes de los ríos.

Su enorme tamaño ha sido tambien su perdición, pues en los últimos años ha sido cazado hasta ponerlo en peligro en varios países como Brasil, Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela. ¿Y hay ecosistemas en Bolivia para el paiche?

El desarrollo de la pesca del paiche podría proporcionar un mayor ingreso y estabilidad a los pescadores de una región del país donde se encuentra un alto índice de pobreza e inseguridad alimentaria. Foto de Fernando Carvajal


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2. El nuevo hogar del paiche: la selva boliviana

Aunque se suele tipificar a Bolivia como un país altiplánico, lo cierto es que más de la mitad de su territorio es amazónico. De hecho, es un ecosistema particularmente biodiverso y sus selvas son habitadas por 34 pueblos indígenas reconocidos oficiamente por el Estado. La Cuenca Amazónica Boliviana (CAB) ocupa más de 700 000 km2, una extensión que es dos veces más grande que Alemania. Es en este habitat donde el paiche ha encontrado las condiciones naturales para su adaptación y expansión. ¿Y cómo fue su viaje?

Proyecto Peces para la Vida: Aunque la gestión sostenible de la pesca tiene raíces en la biología, es mayormente un desafío social. Foto de Peces para la vida

3. La travesía del paiche

Hasta 1976 no se tenía registro o avistamiento de paiches en territorio boliviano. Al parecer, las barreras naturales que existen en el río Madera se convirtieron en un obstáculo para que el paiche llegara antes a la cuenca amazónica boliviana. Frank Pérez, un pescador tacana que vive en territorio indígena en el departamento de Pando, cuenta que tenía quince años cuando vio por primera vez al gigantesco pez.

“Pensábamos que era un monstruo, nunca habíamos visto un animal tan grande”, recuerda. Treinta años después de ese primer encuentro, Franz, que ahora preside la Asociación de Pescadores de su aldea sostiene que la venta de la carne y la piel escamosa del paiche es lo que les ha permitido sacar adelante a su familia y educar a sus diez hijos. “Si no nos hubiéramos tropezado con esta especie seguiríamos siendo pobres”, comentó. ¿Qué tanto ha crecido esta industria?

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4. La revolución productiva

En la actualidad el paiche contribuye con más del 80 % a los desembarques de pescado de la Amazonía boliviana. Estudios especializados estiman que hasta el 2010 la producción pesquera global en la Cuenca Amazónica Boliviana alcanzaba 3080 toneladas por año. De ese volumen, el 17% correspondía a capturas de paiche. Los expertos sostienen que si el crecimiento continúa a ese ritmo, el paiche podría colonizar la cuenca completa. Su pesca podría llegar entonces, en solo 20 años, a las 2000 toneladas anuales. Para las comunidades indígenas que se han beneficiado con la explotación de este nuevo producto, la llegada del paiche ha sido beneficiosa. Sin embargo para la comunidad científica la milagrosa adaptación del enorme pez genera dudas y abre preguntas ¿Por qué?

El pescado en la Amazonía boliviana es un alimento de alta calidad, abundante y de fácil acceso en territorios o cuerpos de agua donde operan las pesquerías. Foto de Faunagua.

5. ¿La amenaza del invasor?

Una especie que llega a un ecosistema que no es el suyo causa siempre preocupación y desconfianza en los expertos por los efectos que pueda tener sobre el ecosistema nativo. Para algunos reconocidos especialistas, la introducción de “un predador gigantesco” como el paiche puede afectar a los peces locales, aunque también podría convertirse en un “escudo para ellos”. Todo depende de que se mantenga el equilibrio en su manejo.

“Somos los equilibristas de los ríos y lagunas”, afirma Selín Trujillo, presidente de una federación que agrupa a catorce asociaciones de pescadores de los ríos Madre de Dios, Beni, Orton y Mamoré. Para Trujillo la pesca continua de paiches evita que la especie crezca demasiado y por lo tanto arrase con los peces nativos al buscar alimento. La federación a la que Trujillo representa suele comercializar alrededor de 28 000 kilos de paiche mensualmente.

“Hay que promover la pesca de esta especie pero de manera planificada, sostenible, con controles establecidos que minimicen los impactos”, sostiene Joachin Carolsfeld, directivo del proyecto Peces para la Vida. En el I Congreso Boliviano de Ictiologia se habló y debatió sobre esta situación, sobre todo teniendo en cuenta que de acuerdo a un estudio en territorios indígenas (cuatro TIOCs), la densidad promedio de paiches es seis veces mayor que las observadas en las cochas de la Reserva Nacional Pacaya Samiria, en Perú.

En Bolivia se ha determinado que la especie posee hábitos omnívoros con preferencia por los peces, y que es un oportunista más que una especie selectiva. Foto de Roxana Salas / Faunagua.

“Sin ordenamiento pesquero y políticas públicas sensatas es poco lo que se puede avanzar”, sostuvo Paul Van Damme, representante de la asociación Faunagua durante el evento. Las poblaciones indígenas piensan lo mismo y en muchas se trabaja y pesca de acuerdo a planes de manejo consensuados dentro de la comunidad.

El artículo original fue escrito por Guillermo Reaño y puede leerse aquí.


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