• Según un estudio reciente, ambas especies de delfín del río Amazonas parecen estar en un profundo declive, debido a la caza indiscriminada.
  • Las poblaciones de boto cayeron un 94 % y los números de tucuxi cayeron un 97 % en la Reserva de Mamirauá en el estado de Amazonas, Brasil, entre 1994 y el 2017. Los investigadores mantienen que si se llevasen a cabo estudios por toda la región ambas especies acabarían clasificadas como Especie en Peligro Crítico de Extinción.

Por Claire Asher /  Contenido autorizado para su publicación en La Región por Mongabay Latam

La selva amazónica es el hogar de dos especies de delfines, el boto (Inia geoffrensis) y el tucuxi (Sotalia fluviatilis). Pero los resultados de un estudio a largo plazo publicado en PLoS ONE muestran que los delfines del Amazonas, que en su día existían en abundancia, están en un rápido declive en Brasil, probablemente debido a la caza y a la pesca.

Vera da Silva del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonía, en Manaos, Brasil, y sus colegas llevaron a cabo estudios mensuales de los delfines de río en la Reserva de Mamirauá en el estado de Amazonas entre 1994 y el 2017. Encontraron declives pronunciados en ambas especies durante las dos últimas décadas; las poblaciones de boto se reducían a la mitad cada diez años y las de tucuxi, cada 9 años —algunas de las caídas más severas que se han visto en cetáceos desde que la moratoria sobre la caza comercial de ballenas entró en vigor en la década de los 80.

Delfines tucuxi del río Amazonas (Sotalia fluviatilis). Las poblaciones de tucuxi se reducen a la mitad cada nueve años en el área de estudio de la Reserva de Mamirauá en el estado de Amazonas, dicen los científicos. Imagen cortesía de Projeto Boto“Datos de más de 22 años de vigilancia […] revelaron un declive precipitado [del boto] en las dos últimas décadas”, dice da Silva. “Antes del 2000, la población era bastante estable”.

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¿Los delfines del Amazonas En Peligro Crítico de Extinción?

La Lista Roja de la UICN clasifica ambas especies como “Especie con Datos Insuficientes”, lo que significa que no hay suficiente información para determinar su estado de conservación; las aguas turbias del río Amazonas hacen que sea difícil estudiarlas. Pero los autores dicen que si aplican a los datos los criterios de la Lista Roja de la UICN, las especies estarían clasificadas como Especies en Peligro Crítico de Extinción, al haber sufrido caídas de más del 90 % desde el 2000 (el boto se redujo un 94 % y el tucuxi un 97 % en el área de estudio, según los investigadores).

“En mi opinión, lo realmente importante de este documento es que muestra que las poblaciones en su lugar de estudio tienen una tendencia de crecimiento negativa, y [la investigación] lo muestra con información cuantitativa”, dice Elizabeth Campbell, científica conservacionista de ProDelphinus Perú, ONG de conservación con sede en Lima, Perú que no participó en la investigación actual. Aunque otros estudios han intentado estimar las tendencias de la población para estas criaturas enigmáticas, “este es el único estudio que ha tenido una presencia constante durante más de 20 años, en las diferentes estaciones, en [la misma] zona”, dice.

Encontrar estas criaturas ilusorias requiere paciencia y una estrecha vigilancia; “Los botos y los tucuxis salen a la superficie a respirar cada 1 o 2 minutos”, explica da Silva, lo que ofrece un breve período de oportunidad para detectar a las criaturas antes de que vuelvan a desaparecer en las aguas turbias.

Un boto sale a la superficie en el río Marañón, Perú. Difícil de detectar en las aguas turbias de la Amazonía, ambas especies están clasificadas como “Especie con Datos Insuficientes” por la UICN. Pero los investigadores mantienen que si se llevasen a cabo estudios por toda la región ambas especies acabarían siendo clasificadas como Especie en Peligro Crítico de Extinción. Imagen de Clara Ortiz-Alvarez.

Los científicos dicen que cuando primeramente empezaron sus estudios, los delfines eran abundantes. “Cuando empezamos nuestro trabajo con estas poblaciones de delfines en 1994, nos sorprendió el número de animales en la zona”, dice da Silva. “Era imposible salir en el barco y no ver delfines”.

Durante los años, el equipo no solo contó el número de delfines, también capturó y marcó algunos, lo que permite a los investigadores identificar individuos en el campo. Con el paso del tiempo, empezaron a notar cicatrices inmensas de heridas de arpones y machetes en los delfines del río que capturaban. Entrevistas con los pescadores locales confirmaron las sospechas del equipo: “Los botos estaban siendo cazados para ser usados como cebo en grandes números”, dice da Silva.

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Con la llegada del nuevo milenio, las capturas de bagre, importante comercialmente, conocido como piracatinga o mota (Calophysus macropterus), en Colombia se estaban reduciendo, así que empezaron a surgir nuevas pesquerías en Brasil para satisfacer las exigencias del mercado.

Para el 2011, los pescadores de subsistencia habían pasado a convertirse en pescadores comerciales en el estado brasileño de Amazonas, con la pesca de 4,4 millones de kilógramos (9,7 millones de libras) de bagre cada año. Parte de su éxito podría haber sido debido al cebo que usaban. “Empezaron usando carne de caimán”, dice da Silva, pero pronto encontraron que los restos de boto enredados en aparejos de pesca eran un cebo más efectivo. “La carne de delfín duraba más tiempo y [el bagre] prefiere los restos de noto”, dice.

La demanda pronto superó la oferta de botos que habían muerto de forma accidental, y los pescadores empezaron a cazarlos de forma activa.

En esa época los delfines abundaban y sus altas densidades en las pequeñas calas y bahías del río, combinado con su curiosidad natural, les convirtió en objetivos fáciles, explica da Silva. El gobierno brasileño estableció una moratoria de cinco años sobre la pesca de piracatinga en el 2014, sin embargo la práctica continúa ilegalmente.

Un delfín de río salta. Los delfines del río Amazonas habían sido considerados resistentes comparados con sus parientes asiáticos. Pero este último estudio muestra que los delfines de río de América del Sur también podrían estar dirigiéndose hacia el olvido a menos que se tomen medidas para reducir la caza, pesca y otras presiones sobre ambas especies. Imagen de F. da Silva VM.

Los botos se encuentran por todas las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco. En la estación húmeda, los delfines dejan los canales del río y entran en las selvas inundadas para buscar de alimento entre las raíces y los troncos de los árboles parcialmente sumergidos.

Aunque protegidos legalmente en el Amazonas, la deficiente aplicación de la ley ha significado que las especies todavía se enredan de manera rutinaria en las redes y aparejos de los pescadores, también son cazados deliberadamente por su sebo y su grasa. Algunos pescadores ven a los delfines como un estorbo —que compite con ellos por el pescado y daña sus materiales— por lo que los matan intencionadamente. “Al pescador no le gusta el boto porque daña el pescado y sus aparejos de pesca”, dice da Silva.

Un boto nada en el río Amazonas, Brasil en el 2016. Una falta de voluntad política, cortes drásticos al presupuesto del Ministerio de Medio Ambiente brasileño y la continuada caza y pesca ilegal del delfín están poniendo en riesgo estos mamíferos acuáticos. Fotografía crédito de: Martha de Jong-Lantink en Visualhunt.com / CC BY-NC-ND

En contraste con el boto, el estudio mostraba que el tucuxi ha estado en declive constantemente desde, al menos, mediados de los años 90. A diferencia del boto, el tucuxi no entra en las selvas inundadas para alimentarse, se queda en los canales principales del río y sus afluentes. La especie es más pequeña y más rápida que el boto y, generalmente, los pescadores locales tienen una buena imagen de la especie y no la ven como una placa, lo que la hace menos vulnerable a la caza intencionada. Sin embargo, el enredo en los aparejos sigue siendo una amenaza seria, sobre todo porque las redes de pesca se colocan a menudo en las desembocaduras de los ríos donde el tucuxi tiende a congregarse.

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El impacto del declive de los delfines del Amazonas

El declive de ambas especies es significativo para la ecología acuática —los botos son conocidos por alimentarse de 43 especies de pescado diferentes, la mayoría de los cuales viven cerca del fondo del río, mientras que los tucuxis se alimentan de al menos 28 especies, la mayoría pequeños cardúmenes que se encuentran más arriba en la columna de agua. Muchos de estos peces también son explotados comercialmente, lo que pone a los delfines en competición directa con los pescadores locales.

“El mensaje con el que me quedo es que la interacción de las pesquerías con los delfines de río probablemente sea la amenaza más importante a la que se enfrentan estas especies”, dice Campbell, que añade que “las poblaciones están disminuyendo más rápido de lo que podríamos esperar”.

La Reserva de Desarrollo Sostenible de Mamirauá, donde se llevó a cabo el estudio, es un área protegida de 4300 millas cuadradas (11 000 kilómetros cuadrados) —una de las más grandes de la Amazonía brasileña—. Dentro de la reserva, donde la pesca comercial está prohibida, la mortalidad de los delfines es principalmente el resultado de muertes accidentales debido a la pesca de subsistencia. Sin embargo, algunos botos se desplazan cientos de kilómetros río arriba, desviándose fuera de la reserva donde pueden encontrar otras amenazas, como la caza directa, los aparejos de la pesca comercial y la contaminación procedente de la escorrentía agrícola y la minería.

Un tucuxi nadando. Las dificultades de la economía de Brasil significan que los pescadores, probablemente, estén intentando incrementar sus capturas, incluso si eso significa el uso ilegal de los delfines como cebo o matarlos tanto por accidente como intencionadamente. Fotografía crédito de: Mike LaB en Visualhunt / CC BY-NC-ND

Otro peligro es el mercurio tóxico, a menudo usado en la minería para separar el orode la tierra y la roca, se acumula en los sedimentos fluviales y puede provocar problemas para los grandes depredadores como los delfines de río que consumen grandes cantidades de contaminantes en los peces de los que se alimentan. El mercurio se bioacumula en la grasa de los delfines en cantidades crecientes y que acaban siendo mortales.

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¿Los delfines del Amazonas van camino al olvido?

Los delfines del río Amazonas se consideraban resistentes comparados con sus parientes asiáticos, el delfín del río Ganges (Platanista gangetica), en peligro, y el baiji (Lipotes vexillifer), en peligro crítico, que muchos conservacionistas creen que podría estar extinto en estado salvaje. El último estudio de Da Silva y sus colegas muestra que los delfines de río de América del Sur también se están dirigiendo hacia el olvido.

Para que sobrevivan los delfines de la cuenca del Amazonas, el gobierno brasileño debe dar el primer paso para fortalecer las protecciones existentes y mejorar su cumplimiento, dice da Silva. “Controlar a las pesquerías que capturan el bagre y evitar que los pescadores coloquen redes a las entradas de los ríos, lagos y canales” sería un buen principio, según dice.

Delfines boto del río Amazonas (Inia geoffrensis). Según los investigadores, las poblaciones de boto se reducen a la mitad cada diez años en el área de estudio. Imagen cortesía de Associação Amigos do Peixe-Boi (AMPA)

Aplicar las protecciones a los delfines y evitar la caza ilegal en las selvas inundadas del Amazonas sería difícil, pero posible, dice da Silva. Pero el Ministerio de Medio Ambiente de Brasil ha visto cortes draconianos al presupuesto (51 % solo en el 2017) durante el mandato de Temer, así que carece de plantilla, equipo y combustible para vigilar regiones amazónicas remotas. Y como en muchos países, en la actualidad hay una falta de voluntad política para aprobar y hacer cumplir una legislación ambiental más sólida. Mientras tanto, la economía en dificultades de Brasil significa que es probable que los pescadores intenten aumentar sus capturas aunque tengan que utilizar delfines de forma ilegal como cebo, o matarlos tanto por accidente como intencionalmente.

“La pesca en la Amazonía brasileña no están bien controladas y cuantificadas”, dice da Silva. Y no hay señal de que esa realidad vaya a cambiar pronto.


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