Entre el 14 y el 16 de julio se desarrolló la 14ª versión del festival Irupanapente en el municipio de Irupana en La Paz. En este evento anual participaron 54 pilotos pertenecientes a Colombia, Perú, Chile y Bolivia.

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Texto: Gabriel Díez Lacunza / Irupana, La Paz
Fotos: Luis Salazar

Luego de un descenso en un biplaza (modalidad en la cual un parapentista vuela acompañado de otra persona) un piloto chileno con 15 años de experiencia conversa con una joven pasajera boliviana que se animó a sentir el aire desde el cielo por primera vez. Él desabrocha los arneses y reacomoda su equipo y ella, celular en mano, filma un aterrizaje.

-Basta un minuto para que la gente se enamore.
-Con razón viven haciendo esto.
-Por eso reímos todo el día.
-Son felices.
-¿Sabes por qué los pájaros cantan?
-¿Porque vuelan?…
-Sí, ahora ya sabes por qué cantan.

En julio es cuando más pilotos de parapente surcan el cielo de Irupana. Esa es la impresión que tiene un taxista de ese municipio paceño ubicado en la provincia Sud Yungas. Mientras comenta eso, dos parapentistas se deslizan por los aires para luego aterrizar en la pista de Churiaca, una explanada de césped colindante con una cancha de fútbol. Cuando éstos tocan suelo, con una diferencia de tres minutos, se escuchan los aplausos de los asistentes a la versión 14 del Irupanapente.

Lo que para la mayoría de ellos es un espectáculo más, para otras personas es un estilo de vida. David Jaramillo, colombiano de 25 años, practica parapente desde hace cuatro. Luego de recoger su paracaídas y sus mandos (para controlar el vuelo y planeo) comenta que este deporte es algo que ha heredado de familia. “Desde pequeño volaba con mi padre en ala delta, cometa, y desde ahí nació la pasión”. Si bien participó en varias competencias en su país, esta es la primera internacional. “El parapente es una pasión y una parte de mi vida muy importante”.

Al igual que la mayoría de las poblaciones yungueñas, Irupana está incrustada en la montaña o al menos esa es la impresión que da. El viaje desde la ciudad de La Paz en un vehículo pequeño o mediano dura entre cuatro a cuatro horas y media. Este año el festival Irupanapente se realizó entre el 14 y el 16 de julio; la mayoría de los visitantes llegó el sábado 15 y no presenció los primeros vuelos, como el de David.

Irupanapente 2017 (40)Arturo Rosales, un irupaneño radicado en La Paz, es parte del comité organizador de este evento. Afirma que esta actividad se la realiza como una muestra de “cariño al pueblo y cariño a los pobladores para que se diviertan y la pasen bien”. Comenta que este año se inscribieron 54 pilotos de los cuales 21 son extranjeros; la mayoría de ellos provenientes de Chile y el resto de Perú y Colombia.

Rosales considera que el posicionamiento del Irupanapente está acorde a las expectativas de los organizadores. “En la región nos sentimos orgullosos de que es el principal evento. Tenemos varias competencias. Tenemos entendido que en otros países sí se practica el parapente pero con un solo concurso, puede ser cross, permanencia… Pero lo que realizamos aquí en Irupana es el más grande de la región y de Bolivia”.

Irupanapente 2017 (15)El alcalde de Irupana, Clemente Mamani Condorena, explica que para este festival llegan cada año entre tres mil a cuatro mil personas en total. Según las cifras que maneja Mamani, el movimiento económico generado por este evento oscila entre los 400 a 500 mil bolivianos derivados de la gastronomía, el transporte, la comunicación y otros. “Por tanto es muy importante esta actividad para nosotros año tras año. Irupana es sinónimo de parapente”, sostiene.

En esta época del año –invierno en el hemisferio sur– el calor predomina durante gran parte del día en Irupana, mientras que por la noche y el amanecer el ambiente es más fresco, casi frío. Durante los tres días del evento los pilotos alzan vuelo desde temprano hasta que el sol se oculta. Tienen como punto de partida a una de las tres pistas ubicadas en la parte alta del cerro Yanata, para aterrizar en Churiaca. En estas fechas es normal ver en el cielo, mientras se desayuna una Jawita (empanada tradicional de queso) cerca a ese lugar, salir de entre la neblina mañanera a un parapentista madrugador.

Ana María Cordero tiene 59 años, está acompañada de su madre, 20 años mayor. Ambas reposan sentadas bajo la sombra de un frondoso árbol. “Cómo quisiera ser joven de nuevo y poder lanzarme”, confiesa. De rato en rato desvía la mirada para enfocarse en los parapentistas que aterrizan en Churiaca. Un problema en los huesos le impide animarse a tener alas por unos minutos.

Casi al mediodía del domingo 16 de julio don Mario Escalera (76) disfruta del espectáculo junto a sus dos nietos. Es la tercera vez en su vida que visita este municipio, la primera fue en la década de los 80. En aquel entonces decidió acampar cerca del sitio donde ahora se hacen los aterrizajes. Sentado sobre el césped de Churiaca tiene frente suyo, a lo lejos, la inmensidad del monte Yanata. La gente a su alrededor come mandarinas y helados; sus nietos lo observan hablar.

“Acá había más árboles. Yo he dormido ahí andaba con mi camioneta, cargaba mi carpa y mi cocina”, cuenta don Mario mientras señala con la vista una calle paralela a la pista donde llegan los parapentistas luego de sus viajes aéreos. Algo que destaca este visitante es el realce internacional del Irupanapente y que, desde su primera llegada al lugar hace más de 30 años, el municipio ha cambiado “para bien”. Comenta que en su juventud le hubiera encantado lanzarse por los aires, al igual que Ana María Cordero, pero que ahora es muy difícil ponerse alas.


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