Pujllay de Tarabuco: Colorido y devoción de la nación yampara

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“It´s the most wonderful I´ve ever seen”, comentó Adam, un inglés que estaba fascinado por lo que sus ojos podían ver. Con la mirada que divagaba de un lado para otro y agarrado de la mano de su novia tailandesa, Adam intentaba sacar fotos de cuanto veía.


 Nelson Pacheco Rodríguez

Con la misma inquietud y curiosidad cientos de turistas nacionales y extranjeros se dieron cita, una vez más, a la festividad del Pujllay de Tarabuco, que se organiza anualmente el tercer domingo de marzo. Largas filas de transporte público y privado partían desde la ciudad de Sucre para recorrer los 58 kilómetros que distan hasta Tarabuco. Varios buses de transporte turístico llevan a extranjeros que no se imaginan el espectáculo de cultura viva que verán.

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“Nunca me imaginé que existiera algo así”, manifiesta con beneplácito un turista argentino y agrega antes de escabullirse en la multitud: “Ustedes deberían sentirse orgullosos de lo que tienen pero acá los bolivianos parece que no lo valoran en su verdadera dimensión”.

La primera constatación que uno ve en los visitantes y turistas es la de asombro por la devoción y orgullo cultural que ponen los bailarines que provienen de distintas comunidades tarabuqueñas. A ello se suma las vistosas y singulares vestimentas.

P1180945Las mujeres visten p´acha montera (sombrero con dos puntas y mucha decoración), aymilla (vestido), aqsu (falda tejida con adornos de animales y eventos de la vida cotidiana), lliklla (aguayo sostenido por un prendedor de plata). Los hombres usan montera (hecha de cuero negro), kunkaunku (pequeño poncho), aymilla (camisa), sinchu (cinturón ancho de cuero curtido de donde cuelgan campanillas que dan ritmo a la música), calzuna (pantalón negro con volantes blancos), sunri (polainas) y las llamativas ujutas (sandalias de suela muy alta con espuelas).

La etimología de la palabra “tarabuco”, según los pobladores de la zona, proviene de las palabras quechuas tarka, que significa flauta de una sola pieza y phuku, que quiere decir soplar, lo que en buen español significaría “tocadores de flautas”.

Todo esto parecería difícil de comprender para quienes visitan por un día el Pujjlay de Tarabuco, sin embargo para ellos lo más importante es ser parte de la festividad, compartir con la población, comer la comida local, beber chicha –que la hay abundantemente– y, si fuera posible, bailar y tomar fotos. A propósito de esto último, muchos fotógrafos quedan fascinados e impactados por las características faciales de los tarabuqueños, a quienes no les gusta que se les tome fotos de sus rostros, menos aun a las mujeres.

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Los grupos juveniles forman pandillas que cantan y bailan al ritmo de coplas.

La festividad se realiza en conmemoración a la batalla de Jumbate (12 de marzo de 1816), cuando indígenas yamparas, a la cabeza de Ildefonso Carrillo y Pedro Calisaya, derrotaron al ejército realista. Con furia y sed de venganza les extrajeron el corazón y se los comieron. De ahí que a los tarabuqueños les llaman sunqumikhus (come corazones).

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Cada grupo representativo a alguna comunidad tenía su letrero que anunciaba su procedencia.

El Pujllay que significa “juego de baile”, “baile” o “alegría” se inicia con una misa católica en idioma quechua para luego continuar con la fiesta y el recogijo por la victoria de Jumbate. Alrededor de la plaza se arma un palco donde están las autoridades, por allí desfilan todos los grupos que luego se dirigen al lugar donde fue erigida la Pukara, donde bailan en círculos al son de los tuqurus, pinkillus, espuelas y campanillas.

Todos los asistentes al Pujllay se congregan en la plaza principal y luego del desfile, a manera de romería, se dirigen a la zona sur de Tarabuco. Hasta allá los más de más de 40 grupos autóctonos y cuatro folklóricos que se dieron cita este 2015 bailaron el Pujllay.

Algo que llamó la atención no sólo de extranjeros, sino de turistas nacionales y los propios pobladores fue la imponente Pukara que se instaló en el centro del campo deportivo de Tarabuco como ofrenda a la Pachamama. La Pukara es considerada como un altar y es un soporte o escalera decorada con productos agrícolas de la región, bebidas, carnes y panes.

La Pukara es levantada en homenaje a los caídos en la batalla de Jumbate y a las almas fallecidas de forma trágica ya que existe la creencia de que se quedan en el mundo de los vivos desde la fiesta de Todos Santos hasta Carnaval para cooperar con la abundancia de los productos agrícolas. La Pukara también representa una ch´alla a la Pachamama (Madre Tierra) en agradecimiento por los frutos recibidos.

Este anciano fue uno de los más requeridos para fotografiarlo por su espontaneidad.
Este anciano fue uno de los más requeridos para fotografiarlo por su espontaneidad.

Este año la festividad tuvo un matiz especial pues tras largos tres años de gestiones, el pujllay y el ayarichi fueron reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

“Tenemos que garantizar que la promoción turística de nuestro pujllay y nuestro ayarichi se conozcan a nivel internacional, los conozca el mundo, sobre todo los conozcan las bolivianas y bolivianos, es una tarea pendiente que demanda a todas y todos”, afirmó Marko Machicao, Ministro de Culturas y Turismo, en el acto público donde se entregaron los certificados a las autoridades locales de Tarabuco.

Al final de la tarde, cuando el sol abrasador cae, es hora de regresar a Sucre. Largas filas de vehículos retornan luego de una jornada intensa pregnada de cultura. Hay quienes se quedan a continuar el festejo, a ser parte del pueblo, a compartir por los caídos en Jumbate, a arraigarse de la cultura viva que nos ofrece Bolivia.

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