San Roque, fiesta patronal donde convergen la fe y la gastronomía

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Adriana Olivera / La Región Tarija

Un velo los cubre de cuerpo entero. Un turbante de diferentes colores reposa sobre sus cabezas. Al compás de la tambora, la quenilla (la camacheña) y las cañas, los promesantes avanzan en la procesión. Conforme caminan, se apoderan de las calles del centro tarijeño. Es la fiesta de San Roque, cuya imagen recorre distintas vías de la capital chapaca durante un mes.

“Mi madre me profesó de muy niño porque adoleció una enfermedad y con el transcurso de los años reanudé mi fe y mi promesa hacia San Roque”, cuenta Omar Estrada Valdez, quien desde hace 30 años le rinde homenaje al patrón de la ciudad.

img_9661Esta es una de las fiestas religiosas que celebra la población de Tarija. Este año se conmemoró entre el 16 de agosto y el 13 de septiembre. Baile, música y mucho colorido es lo que resalta de sus devotos.

La danza es la mayor interpretación de fe y agradecimiento que realizan los promesantes chunchos, quienes representan a los leprosos que fueron curados por San Roque, quién es considerado el “abogado contra la lepra” los curó. Sin embargo, murió por la misma enfermedad. Esta expresión data desde 1851 – 1852.

En la capital tarijeña existe un barrio y su respectiva iglesia que llevan el nombre del santo. El padre Garby, encargado de este templo cuenta que cuando los Franciscanos llegaron a Sudamérica -el segundo grupo después de los Jesuitas Domínicos- a comienzos del Siglo XVII, encontraron el valle central, el chaco y el norte argentino plagados de enfermedades contagiosas. Los recién llegados hicieron su misión devocional a San Roque, poniendo su imagen para rezarle, asumiendo la fe y curándolos.

Con el sonido de las cañas, en forma tabillas largas y haciéndola tocar entre ellas anunciaban que los leprosos estaban ingresando a la ciudad. Hoy, este tipo de elementos es parte del atuendo de los Chunchos

Al llegar esta fiesta las clases sociales desaparecen, empezando por los Chunchos, quienes al estar cubiertos no muestran su protagonismo. Por lo tanto, no se sabe quién es, qué cargo ostenta o qué profesión tiene.

“La fe no distingue las clases sociales, hay profesionales de diferente tipo, carpinteros, artesanos, abogados, autoridades, asambleístas, diputados, que bailan en la fiesta”, explica Omar Flores Estrada, responsable comunicacional del evento.

Esteban Acosta acompaña desde hace 30 años la imagen de San Roque, tocando la caña -instrumento musical nativo de la región hecho de largas cañas de azúcar huecas. Su fe lo lleva a pedir por su familia. Radica en Tarija hace cinco décadas, llegó desde España cuando tenía 25 años. Su música sólo la hace sonar en la Fiesta Grande.

El toreo y los escoltas de San Roque

En la noche de víspera se realiza una actividad para que los asistentes se concentren en el atrio de la iglesia. Los chunchos hacen las pantomimas, que es interpretación de danza en diferentes formas como por ejemplo el corazón o la vuelta al mundo.

Los fuegos artificiales alumbran la noche en la capital chapaca. La alegría aumenta al participar en el toreo. Se trata de un muñeco, en forma de toro, que bota fuegos artificiales por las astas mientras un torero lo desafía.

En el día del encierro de la fiesta -último día de procesión- la devoción es más sentida por los tarijeños, quienes esperan ver pasar a San Roque descender desde la loma que lleva el mismo nombre.

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La misa principal empieza a las nueve de la mañana. Después sale el santo. Como parte del ritual se lo coloca en frente de la multitud para ser saludado por todos los chunchos, considerados los escoltas.

La procesión concluye al anochecer. Las autoridades se hacen presentes para la “última bendición” del santo antes de que la imagen vuelva a ingresar al templo.

Gastronomía chapaca

Para la fiesta de San Roque la bebida que se prepara en esta época es la aloja de maní. La gente destaca que durante los días del Santo el alcohol “no es visto, ni consumido”.

“Trabajamos con leña, hacemos hervir el lupi, luego se muele el maní hasta que salga aceite en la piedra, de ahí se hace hervir el arrope (jarabe espeso) y luego se lo cuela para poder vender. Yo hace más de 50 años que vendo la aloja solamente para La Fiesta Grande”, narra Celestina Herbas.

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En cuanto a alimentos, las empanadas blanqueadas que dentro de ella tienen la mermelada de lacayote, son las más consumidas junto con las chirriadas (panqueque delgado). La oferta de gastronomía típica se completa con un sabroso saice y un ají picante de gallina, que se venden en cercanías del templo. La agenda de los últimos días de la Fiesta es desayunar uno de estos platos típicos antes de que empiece la misa y procesión, ya que el recorrido es más largo.

A la hora del almuerzo no puede faltar en el menú del día un lechoncito a la cruz del “Negro Díaz”. Este personaje promueve esta comida por todo el país en ferias y grandes eventos con “La vuelta por Bolivia”, que viaja a cada departamento en su fecha de cívica y hacer degustar su especialidad. Su dedicación desde hace 29 años lo hace un ícono gastronómico de Tarija.


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