Santiago de Chiquitos estuvo de fiesta. Una mezcla del sincretismo religioso y vernacular chiquitano marcó la celebración de sus 261 años de fundación. Como ya es tradicional, el plato fuerte fue el baile autóctono Los Abuelos. ¡Esto es Bolivia!


Texto: Gemma Candela
Fotos: Daniel Walker

La carretera que va de Santa Cruz a Puerto Quijarro, en la frontera con Brasil, queda a tan sólo unos kilómetros de Santiago de Chiquitos; lo suficiente para facilitar que lleguen turistas pero en pequeña cantidad. La tendencia de adoquinar o asfaltar las calles parece pasar de largo por la carretera, igual que las flotas que transportan pasajeros desde la capital oriental a la ciudad fronteriza.

Probablemente a los santiagueños les encantaría que las calles de tierra rojiza pasaran al olvido pero, para los visitantes, es justo su apariencia tradicional la que los atrae hasta este pueblo de alrededor de 1.000 habitantes, situado al cobijo de la serranía que lleva su nombre.

Su ambiente apacible se torna ruidoso y festivo algunos días al año, como durante la celebración en honor al patrón, que comienza algunos días antes y acaba varios días después del 25 de julio, día de Santiago Apóstol; jornadas en las que, ocultando su rostro tras una máscara y con cascabeles en las rodillas, Los Abuelos danzan incansables acompañados de un tamborete y flauta.

Mucho antes de que salga el sol del día 25, superponiéndose a la música que sale de los parlantes de varias fiestas nocturnas, se oyen unos gritos, una especie de risas burlonas, con percusión y flauta de fondo: Los Abuelos desfilan por las calles durante la madrugada.

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Poco antes de que callen los parlantes, y cuando ya los gallos anuncian el amanecer, las risas burlonas se concentran en la plaza y repican con fuerza las campanas del pequeño templo chiquitano, acompañadas de petardos: anuncian el día de Santiago.

Amanece y callan los parlantes. Entonces, con la luz tenue de la mañana, sólo se oye el ir y venir incansable de los danzantes con un nutrido coro de gallos de fondo.
En la plaza del pueblo, los feriantes que han acudido estos días para vender comidas prenden el fuego sobre las garrafas de gas y comienzan a preparar café, zonzos y arepas. Poco a poco el pueblo despierta y los lugareños se acercan al pequeño templo para asistir a la misa de las 8.30.

Cerca de las 10 de la mañana, cuando el sol ya calienta, los abuelos están frente a la iglesia esperando a que salga el santo patrón cargado por feligreses; niños, jóvenes y adultos portan las máscaras de hombre blanco, cabello negro, bigote profuso y mejillas exageradamente coloradas. La parte posterior de la cabeza va cubierta por un largo pañuelo, que cada uno lleva del color o estampado que quiere. Les acompañan un grupo de chicas vestidas con tipoi florido y sin zapatos.

JDW_5042Comienza la procesión, encabezada por los numerosos abuelos: los hay niños, jóvenes y adultos que casi son de la tercera edad. Tras ellos van los santiagueños, que acompañan el paso del apóstol, al que dan una vuelta una cuadra alrededor de la plaza. Los abuelos gritan, sacuden sus cascabeles y molestan a alguno que, desde la vereda, les mira y saca fotos.
Todos vuelven al punto de partida: el santo es llevado adentro del templo y los bailarines se quedan afuera. Ellos dejan espacio a las chicas, que bailan con sus pies descalzos oscilando levemente sus caderas y cantando en honor al patrón, mientras ellos observan. Luego se entremezclan y juegan al baile de las cintas, que consiste en cruzar y descruzar cintas de colores amarradas a un palo.

Tras tanto ajetreo, la fiesta da un pequeño descanso a los abuelos y en la plaza se celebra una kermesse, que culmina en la hora del almuerzo: chancho a la olla y al estilo vallegrandino y chicharrón de yacaré son algunos de los platos triunfantes.

¿Dónde dormir en Santiago?

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Hay alojamientos de diferentes niveles: desde cuartos que se pueden alquilar hasta hoteles con todas las comodidades. El Churapa, a una cuadra de la plaza, ofrece cuartos matrimoniales y con capacidad hasta para cinco personas, espacio para acampar, restaurante y, sobre todo, un trato cercano e impecable.

“Churapa significa amigo/a predilecto/a en chiquitano; queremos que se sientan entre amigos cuando nos visiten”, cuenta el dueño de este hospedaje, Steffen Reichle, un biólogo y fotógrafo alemán que, junto a su esposa, que es del Chaco, se enamoró de este lugar y decidió asentarse en él. El hotel está a punto de cumplir cuatro años y el restaurante, del mismo nombre, ya tiene 12.

La habitación matrimonial cuesta Bs 200 sin aire acondicionado y Bs 250 con aire. El resto de precios pueden consultarse en su web: http://www.santiago-churapa.com. Si los diez cuartos de los que dispone están llenos, el jardín del hotel, en el que no faltan las tradicionales hamacas, se presta a ser espacio para hacer camping.

La estadía en el hotel incluye el desayuno, un buffet con jugos naturales de temporada y comida regional, como el zonzo; internacional, como los crepes o los huevos revueltos; y local, con yogurt natural (sin aditivos) hecho por un santiagueño.

El restaurante abre sus puertas a huéspedes y otros comensales que quieran disfrutar al mediodía o por la noche de su carta, mezcla de platos bolivianos y de otros lugares del mundo. Los fideos alemanes con queso y tocino y el pique macho son las estrellas de la cocina, según Steffen. Para acompañar la comida es recomendable el jugo de acerola.

Las paredes del Churapa están llenas de máscaras y pinturas que muestran a los protagonistas de las fiestas del pueblo: “Los abuelos reflejan la cultura típica de Santiago y Churapa se entiende como un espacio cultural de arte y música. Para nosotros los abuelos son los embajadores de la cultura en Santiago y desde Santiago hacia afuera”. Los murales han sido realizados por el artista Leoni Manrique.

¿Cómo llegar?

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Ni el tren ni las flotas que parten de Santa Cruz desde la terminal Bimodal pasan por Santiago, alejada por unos kilómetros de la carretera que une la ciudad con la frontera con Brasil. Los viajeros pueden bajarse en la estación de tren o en la terminal de flotas de Roboré y tomar un trufi hasta Santiago por Bs 10, trayecto que dura unos 20 minutos. El servicio de trufis comienza a las 6 de la mañana y es continuo hasta la noche. Los domingos hay menos frecuencia.  Otra opción son los expresos, taxis que cobran Bs 100 por trayecto.

Para llegar directamente de Santa Cruz a Santiago se puede tomar un minibús de la Asociación de Transporte “25 de octubre” desde la misma terminal. Los pasajes cuestan Bs 90. Teléfono de contacto: 71060193.

¿Qué hacer en Santiago?

JDW_5380Además de pasear por las tranquilas calles del pueblo, Santiago tiene varios puntos de interés turístico. Los miradores sobre el Valle de Tucavaca es uno de ellos. Se puede ir a pie, caminata que dura alrededor de 50 minutos. La entrada al lugar, que es parte del Área Municipal de Vida Silvestre Tucavaca, cuesta Bs 5. Una vez en el lugar, hay 600 metros de subida al primer mirador, y otros 600 hasta el segundo. Desde arriba, junto a grandes moles de piedra, se observa todo el valle.

Si los viajeros tienen ganas de refrescarse, a 8 km del pueblo están las pozas: piscinas naturales de piedra y agua cristalina y muy fría. Dicen los santiagueños que una de las pozas es tan profunda que nadie ha logrado hacer pie en ella.

También se pueden hacer excursiones de varias horas a través del bosque hasta El Arco, La Colina (una cascada de agua con una poza de agua clara) y pinturas rupestres. A pesar de que los guardaparques afirman que estos caminos están señalizados, no existe señal alguna, por lo que es recomendable contratar los servicios de un guía (preguntando en el hotel en el que se alojen) o de uno de los mismos guardaparques.

Además,  se pueden visitar los pueblos cercanos de Chochís y Aguas Calientes.

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