Los sabores y servicios de alta calidad y compromiso destacan en este recorrido realizado por cinco emprendimientos productivos liderados por mujeres en Tarija. Esta es solo una pequeña muestra de la pujanza que es común denominador en las empresas que forman parte de la Marca de Certificación “Tarija, Aromas y Sabores”.

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Por Doly Leytón Arnez – Tarija

Los sabores y servicios de alta calidad y compromiso destacan en este recorrido realizado por cinco emprendimientos productivos liderados por mujeres en Tarija. Esta es solo una pequeña muestra de la pujanza que es común denominador en las empresas que forman parte de la Marca de Certificación “Tarija, Aromas y Sabores”.

Por Doly Leytón Arnez – Tarija

“La Chapaquita”, de la bicicleta a las ferias

Zaida Cabero en su bodega con una variedad de productos que comercializa en Bolivia.

De sonrisa amplia y alegría que contagia de solo verla, Zaida Cabero, vestida con un traje típico de Tarija, atrae la atención de cuanto visitante se acerca a su puesto de exposición en todas las ferias de las que participa para promocionar sus vinos artesanales “Cavas del Potrillo”.

Esta tarijeña es el pilar de una empresa familiar que ya lleva 18 años y que empezó cuando ella tenía 30. Lo que inició como un pasatiempo de su esposo, que es químico industrial, poco a poco se fue perfilando como un negocio gracias a la actitud emprendedora y visionaria de “La Chapaquita”, como es conocida esta alegre mujer.

“Para levantar su casa”, como dice Zaida al referirse al proyecto de construcción de lo que es su actual hogar, ella decidió vender los vinos producidos por su esposo Héctor Amador que ya eran requeridos entre sus familiares y amigos.

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Para iniciar el negocio, tomó una bicicleta y, llevando a cuestas las botellas, recorrió Tarija y sus barrios haciendo probar puerta a puerta su producto. Tras los primeros tres años de trabajo se consolidó la empresa con todas las de la ley: desde los registros sanitarios hasta los últimos detalles administrativos. Hoy en día sus vinos son parte de los selectos productos amparados bajo la marca  “Tarija, Aromas y Sabores”.

“Salía todas las noches en la bicicleta por diferentes barrios y tiendas. Iba con unas ocho botellas de vino patero para ofrecer. ‘No conozco, me decían´, les hacía probar y así empecé a ganar clientes´”, recuerda.

La Chapaquita es una emprendedora de corazón y junto a su esposo conforman la pareja perfecta. “Hace años quise estudiar enología pero tuve que dejarlo porque mi hijita se enfermó pero yo amo vender y él produce los vinos. Viajo a todas las ferias que se puedan. Mi mercado no es Tarija, es el interior del país”, comenta feliz vestida con una pollera de color vivo y unas flores que adornan su cabello en medio de su bodega donde instala una muestra para los visitantes. A unos metros, frente a unos tubos de ensayo está su esposo, concentrado, siguiendo de cerca el proceso de producción. Él está inmerso en este oficio desde sus 16 años.

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En su bodega artesanal producen los vinos varietales y vinos comunes de mesa de buena calidad, muy apreciados y valorados en el mercado local. Los pateros aún son producidos con el método de pisada y no con equipos industriales. La capacidad instalada es de 80 mil litros y actualmente producen el 50 %; es decir unos 40 mil litros al año.  Además, aprovechando la calidad de su materia prima, están incursionando en la elaboración de jugo de uva tipo artesanal.


Acerca de la Marca de Certificación Tarija, Aromas y Sabores. Está registrada, aprobada y avalada por el Servicio Nacional de Propiedad Industrial SENAPI. Según Sebastián Iñiguez, vicepresidente la marca, ésta certificación beneficia a 1.400 productores; además, forman parte de la iniciativa 33 asociaciones y un total de 43 productos hacen uso de la marca certificada, mientras otros están en proceso de certificación. Sumado a ello, ocho cadenas productivas del sector turismo forman parte de la marca.


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“Cepas del Valle”, con temple femenino apunta a seguir creciendo

Mildreth Altamirano está a cargo de la bodega mientras que su madre, María Luisa, se ocupa de los viñedos.

La pasión por el vino de la familia Altamirano tiene su propia historia. Durante cuatro generaciones la bodega que nació con el apellido familiar, pasó a llamarse  “Viejo Tonel”, luego “El Arenal” y de nuevo “Viejo Tonel”,  hasta que el año 2000, los esposos Atilio Altamirano y María Luisa Bustos consolidan la bodega Cepas del Valle.

Esta empresa familiar elabora vinos y singanis a partir de uvas cosechadas en el valle central de Tarija y en el valle de los Cintis de Chuquisaca. Elaboran distintas variedades de vino clásico, varietal y también singani de moscatel.

Si bien la tradición familiar vitivinícola estuvo marcada por el liderazgo de patriarcas, hoy en día en la cuarta generación es una mujer la que lleva las riendas de esta industria. Mildreth Altamirano está a cargo de la bodega mientras que su madre, María Luisa, se ocupa de los viñedos.

“Antes, siempre el hombre  era el pilar de la familia y tenía ese espacio de acción para liderar y siempre la mujer estaba de apoyo pero ahora tenemos el espacio para poder desenvolvernos y estar también a la cabeza”, comenta entusiasmada sin dejar de lado las importantes enseñanzas que recibió de su padre para liderar el negocio.

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Mildreth soñó con salir al exterior a estudiar enología y al no conseguir el permiso de sus padres estudió ingeniería Informática, profesión a la que le dedicó una década. Sin embargo, logró el título de Técnico en Enología en Tarija, y hoy en día como cabeza de la empresa tiene proyectos ambiciosos para que la marca Cepas del Valle algún día sea de exportación; al menos con los singanis, productos con los que se tiene mayor probabilidad a corto plazo. “Hay muchas bodegas en Tarija y cuesta mucho seguir en el mercado. Es una satisfacción mantenerlo en pie. Soy muy orgullosa de poder estar en este rubro y seguir una tradición familiar. Quiero llegar mucho más allá de lo que se pueda, seguir creciendo en esto. Me gusta y apuesto a esto”, menciona.

La capacidad de producción de la bodega es de 450 mil litros. Sin embargo, la producción actual por año llega a los 150 mil litros, dependiendo de la cosecha. Producen vinos varietales Sauvignon blanco y Syrah tinto, además de vino tinto de mesa y singani.

Cepas del Valle también logró cumplir con los requisitos exigidos para lograr la certificación de la marca regional tarijeña que impulsa a los productores de esa zona.  “Es un producto que mantiene la tipicidad, el origen. Es un producto de calidad, es hecho en Tarija y cumple con los requisitos de la marca certificada. Una marca tarijeña con su tradición y con lo que ella implica”, concluye Mildreth.

“Embutidos Hesse”, innovación y perseverancia

Andrea Coro Hesse es madre de tres hijas y con 35 años lidera la empresa Embutidos Hesse, que es un emprendimiento personal que tiene como objetivo marcar la diferencia en el mercado alimenticio con productos altamente nutritivos.

Además de una tienda céntrica en Tarija, estos productos alimenticios ya son comercializados en el interior del país gracias a los pedidos que recibe Andrea y a la marca “Tarija, Aromas y Sabores”, que está promocionando los productos en Bolivia.

Esta emprendedora tarijeña elabora productos transformando, en especial, la carne de llama por su alto valor nutricional en productos cárnicos varios, innovando en la presentación y la oferta de productos de acuerdo a la demanda de sus clientes. Actualmente cuenta con 14 líneas de productos artesanales, entre los que se destacan los chorizos con queso, de llama, chorizo alemán, de cerdo, de res y salchichón. Además de la butifarra que es un embutido tradicional de Tarija.

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“Nuestros productos no contienen conservantes y son libres de gluten. Estamos presentes en el mercado desde el año 2010 con productos de calidad, 100 % tarijeños con recetas alemanas”, comenta Andrea, quien aprendió las recetas de su abuelo Alemán que producía sus propios embutidos.

“Siempre me ha gustado la nutrición pero mi motivación por emprender surge por los consejos de mi abuelo. Sin embargo, mi objetivo principal es brindar un producto que no solo sea para satisfacer gustos sino para brindar un aporte nutricional”, comenta a tiempo de mostrar su producto estrella: chorizo de llama pre cocido y ahumado.

Ya son 18 años que esta joven madre lleva adelante la empresa en la que además brinda oportunidad de trabajo a jóvenes estudiantes. Incluso el horario de trabajo en su empresa es hasta el mediodía para que por las tardes el personal tenga tiempo para estudiar. Otro aspecto importante, considera, es la equidad de género; por ello, emplea a dos varones y dos mujeres. “Soy mamá de tres hijas y para mí es importante el hecho de poder demostrarles a ellas que todas podemos. Hoy por hoy es importante enseñarles a ellas a trabajar a sacrificarse por ellas y para ellas”, concluye.

“Frutas de Tarija”, pioneros en la producción de berries

“Frutas de Tarija” es el resultado de la participación en un proyecto experimental para introducir la producción de berries en Tarija, el cual resultó exitoso. Evelín Villagrán y su esposo Sergio Martínez llevan adelante la empresa en la que producen arándanos, zarzamoras y frambuesas desde hace una década en la comunidad de Turumayo en Tarija.

Si bien todo inició con una producción para consumo familiar, a cargo de su esposo que es ingeniero Agrónomo, es Evelín quien toma la iniciativa de buscar una solución a la producción excedente que tuvieron en cierto momento. Declinó la idea de Sergio de ir a vender al mercado en la camioneta familiar e inició las ventas a través de grupos de WhatsApp a amigos y familiares.

Así, poco a poco la demanda fue mayor y sus estrategias lograron la venta al mercado nacional. De este modo, lo que fue un pasatiempo llegó a consolidarse en una empresa familiar dedicada a la producción, acopio, empaque y comercialización de Berries. Actualmente, durante dos campañas anuales, producen unos 17.000 kilos de arándanos,  2.500 kilos de frambuesas y al menos 2.000 de zarzamoras.

Este emprendimiento brinda acceso a fuentes de trabajo, en su mayoría, a mujeres.

“El producto estrella de ‘Frutas de Tarija’ es la fruta fresca, vendemos también los productos congelados y ahora estamos trabajando en la transformación. A partir de noviembre produciremos mermeladas”, comenta Evelín, quien estará a cargo de esta producción con recetas propias.

El temple de esta productora, que además es trabajadora social,  es enérgico. De voz potente e ideas claras, considera que el espíritu emprendedor en las mujeres es una constante. “Estoy convencida de  que las mujeres somos emprendedoras innatas. Ciertamente, algunas tienen mayor oportunidad para desarrollarse en eso y otras no”, comenta a tiempo de mencionar que ella misma ha identificado y fortalecido habilidades estratégicas para aplicar al emprendimiento familiar.

Respecto a su marca, que también es parte de las empresas que tienen la certificación “Tarija, Aromas y Sabores”, explica que ofrecen productos de gran calidad. “Nuestra producción se beneficia de las condiciones del Valle Central de Tarija, ubicado al sur de Bolivia a los 2.000 m s. n. m., confiriéndole por la alta incidencia solar y amplio rango térmico, una mayor producción de substancias antioxidantes, traducidas en un producto de mayor cuerpo y dulzura natural”.

“Cabañas del Cadillar”, un proyecto de vida

Tiene la vista muy reducida pero se maneja con total independencia con la ayuda de un bastón para tentar su entorno mientras recorre las instalaciones del hospedaje estilo apart hotel que regenta. “A mí me ha tocado amar lo que me toca, no a hacer lo que amo y creo que ese es el plus que puedo compartir. Me ha tocado ser emprendedora porque no me queda de otra y doy gracia a Dios por ello”, responde cuando escucha que es una de las emprendedoras tarijeñas que entrevistaremos.

Administradora de Empresas de profesión, Patty Barroso Pauletti (48) es la propietaria de Cabañas del Cadillar, un proyecto de vida que le ha dado muchas satisfacciones y del cual se muestra orgullosa.

Es un concepto de hospedaje ligado a la naturaleza. El mismo fue ideado en base a su experiencia familiar al viajar con su esposo y sus cinco hijos y su infructuosa búsqueda por un lugar ideal para disfrutar en familia sin las restricciones propias de un hotel tradicional.

Sin embargo, el motivo principal para ejecutar el proyecto con el apoyo de su esposo fue generar una actividad que la mantenga activa después de su diagnóstico médico. “Son varios factores los que confluyen. Tengo una visión baja con un diagnóstico de retinosis pigmentaria. Después de un viaje con mi esposo proyectamos que tenga una actividad con un modelo de negocio que sea fácil de regentarlo”, recuerda.

El concepto de un apart hotel no exige tener un recepcionista las 24 horas, se entrega las llaves de la cabaña y del portón. Este sistema le da mayor facilidad en la administración. “Cumplimos las normas del hospedaje y hotelería pero los visitantes tienen mayor libertad de entrar y salir; además que cuentan con todas las comodidades para una buena estadía”.

Cabañas del Cadillar está ubicada a solo 7 kilómetros del centro de la ciudad de Tarija, por la ruta a Tomatitas. Las cabañas son amplias y muy cómodas,  totalmente equipadas y con una hermosa vista.

Mientras camina en torno a la piscina del lugar, rumbo al mirador, Patty destaca que viene de una generación que no se caracteriza por ser emprendedora sino de profesionales que aspiraban a trabajar en empresas o como funcionarios públicos. Asegura que le ha tocado emprender sin tener el “chip” de emprendedor pero que ha resultado exitoso gracias al amor, fe y perseverancia y sobre todo al apoyo familiar.

Patty tiene espíritu de líder. Es así que además de regentar el hospedaje, es presidenta de la Organización de Gestión de Destino (OGD) Tarija y trabaja constantemente para promover su tierra natal como un importante destino turístico.


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