Esta tierra alegre y acogedora celebra este año el bicentenario de la batalla de La Tablada, uno de los pilares de la independencia nacional.


Texto: Liseth Bustamante / Fotos: GAM Tarija

Son un poco más de las 9 de la mañana, pronto arribaré a la capital de la sonrisa, Tarija. Me entusiasma recorrer sus calles, apreciar la belleza de sus construcciones, plazas y parques, sentir el aroma de la rosa pascua, la flor típica de este jardín andaluz.
Tarija es una de las ciudades más acogedoras de Bolivia, con espacios adecuados para compartir en familia y amigos, como el parque Temático, el parque Bolívar, el puente San Martín, la fuente de los Deseos, parque de las Flores y el mirador Juan Pablo II. Pero es la calidez de su gente que hace de cada visita un verdadero deleite.

“La capital de la sonrisa”, como es conocida, se caracteriza por la atractiva arquitectura neoclásica que circunda su casco viejo además de los destinos rurales; en los últimos tiempos esto ha dado como resultado un incremento de la afluencia de visitantes. “En 2016 tuvimos la visita de aproximadamente 30.000 turistas. Este año, gracias al esfuerzo y política de promoción que el Gobierno Municipal está empleando para posicionar a Tarija como un destino turístico, se ha tenido la visita de más de 70.000 personas y un movimiento económico de más de siete millones de dólares”, afirma la secretaria de Turismo y Cultura de esta ciudad, Rita Miranda.

Un buen lugar para empezar a conocer Tarija es la plaza Luis de Fuentes, en el corazón de la ciudad. Es un punto de reunión para jóvenes, adultos, empresarios, turistas, familias completas, quienes disfrutan de los coloridos jardines perfumados por una gran variedad de flores.

La plaza está rodeada de los edificios de la Alcaldía, construida con un estilo europeo neoclásico, con imponentes líneas rectas; de la Gobernación, que tiene una fachada construida con piedra labrada y del Concejo Municipal, con un llamativo color terracota en sus muros y nichos profundos para las ventanas.

En esta ciudad ubicada al sur de Bolivia, la modernidad e historia conviven, se fusionan de manera natural en cada una de las calles, fachadas y edificios.

La Catedral Metropolitana, la iglesia de San Francisco, la iglesia de San Roque y la capilla de La Loma de San Juan son verdaderas joyas arquitectónicas que reflejan la religiosidad, devoción y las arraigadas tradiciones de los tarijeños.

Al caminar por sus estrechas calles se disfrutan la tranquilidad y el agradable clima templado. No puedo dejar de visitar El Castillo Azul, una emblemática construcción que parece extraída de un cuento de hadas. Pero si de colores hablamos, está la Casa Dorada, un monumento a la suntuosidad y extravagancia, no sólo por sus tonos dorados, sino por los elementos decorativos en su interior: puertas repujadas, balcones con barandas de hierro, alfombras persas y sillas victorianas.

El museo Paleontológico es un lugar muy concurrido, sobre todo por jóvenes y estudiantes. En este repositorio exhiben de forma permanente fósiles y objetos arqueológicos encontrados en la cuenca de Tarija. Cada pieza es fruto de años de investigación en esta región del país.

Después de visitar estos históricos sitios se abre el apetito. Un rico Saice, acompañado de un refresco de aloja de cebada, son las sugerencias que todo turista recibe al consultar qué es lo más rico en esta ciudad. En el mercado Central, donde se encuentran estos productos típicos, las “caseritas”, como se les dice a las comerciantes, atienden a los comensales con una sonrisa y la calidez que caracteriza a la gente chapaca.

Atractivos turísticos fuera de la ciudad

Dentro de la ciudad de Tarija las opciones para los turistas son muchas. Pero hay mucho más para ver y disfrutar en las localidades aledañas.

Un paseo obligado es ir a la zona baja de la reserva de Sama para visitar las comunidades de Pinos Sud, San Pedro de Sola. Los balnearios naturales con impresionantes fuentes de agua son parte de los atractivos. En Coimata, uno de estos sitios, existe una caída de agua de por lo menos 30 metros de altura.

Coimata.

Otro lugar muy conocido es Tomatitas, ubicado a cinco kilómetros de la ciudad, donde confluyen los ríos Guadalquivir y Erquis. En esta región también está el parque boscoso denominado El Bosquecillo, donde familias y grupos de amigos se dan cita para disfrutar de un día de campo, acompañados siempre de los acordes de una guitarra y las picarescas coplas chapacas.

Tolomosita, San Andrés, Erquis, Los Chorros de Jurina, Lazareto, Marquiri, son algunos de los lugares preferidos por quienes gustan de la naturaleza y tienen un espíritu aventurero.
Al seguir el viaje el nuevo desafío es hacer caminar en ascenso por la quebrada del Zorro hasta llegar al Fuerte Caserío Indígena, situado en localidad de Bella Vista, a 17 kilómetros de la ciudad.

Chorros de Jurina.

La naturaleza tarijeña es realmente generosa y fascinante, regala la majestuosidad con sus paisajes, los cerros de piedra laja invitan a hacer intrépidos paseos. Mi viaje es todo un éxito; recorro palmo a palmo Tarija.

Después de días repletos de aventura, mochila en mano, zapatos cómodos y una buena chamarra, el objetivo ahora es conocer la región andina.

Naturaleza

Ubicado en el lado oeste, limítrofe con Potosí, está el “Circuito zona alta”, conformado por las Lagunas de Tajzara y Dunas de Arena, con aproximadamente 3.600 metros sobre el nivel del mar. Las caminatas guiadas por las dunas pueden llevar unas cuatro horas, pues se visitan iglesias antiguas de las comunidades. Durante el recorrido se avista las aves que habitan este lugar como flamencos, patos y gaviotas andinas. Si el turista tiene suerte puede llegar a avistar vicuñas, venados, e incluso escuchar rugir algunos pumas.

Uniendo el Altiplano de Tajzara (3.700 m s. n. m.) con el Valle Central de Tarija (2.212 m s. n. m.), está el Camino del Inca, región que tiene una variada fauna andina, de la cual se destacan los majestuosos cóndores. En esta zona también es posible apreciar la belleza del arte rupestre con grabados y pinturas.

La Reserva Biológica Cordillera de Sama es uno de los trayectos incaicos mejor conservados de la red de caminos precolombinos de Sudamérica. Además de ser un sitio histórico pues, antiguamente, los criadores de llamas transportaban sal desde Uyuni, según afirman los guías locales.

No puedo dejar esta zona andina sin antes visitar el Valle de los Cóndores, que inicia desde la comunidad de Abra de San Miguel de Chaguaya a 64 kilómetros de la ciudad. A una altura de 3.220 m s. n. m. es indescriptible la sensación de observar el ecosistema donde habita el Cóndor Andino.

“Tarija está situada como segunda opción turística, después del carnaval de Oruro, nuestra ruta del vino es la mejor posicionada, es un producto en el que se ha trabajado bastante, los visitantes buscan conocer y recorrer los viñedos, degustar los mejor aromas y sabores de Tarija. Poder disfrutar de la gastronomía, hemos trabajado también de manera conjunta con otros municipios”, destaca la secretaria de Turismo del municipio, mientras hace referencia a todas las alternativas turísticas que brinda el departamento fuera del ámbito urbano.

Valle de los Cóndores.

Transcurren los días y aún tengo muchos destinos por los cuales transitar en esta mágica tierra tarijeña; no hay duda que en cada rincón hay mucha historia por conocer.

La Ruta del Vino

Un atractivo por excelencia de esta región vitivinícola es la Ruta del Vino y el Singani de Altura, conformada por extensos viñedos ubicados sobre los 1.600 a 2.200 m s. n. m.
Los expertos que encabezan estos recorridos por los viñedos describen paso a paso el trabajo que se realiza para la elaboración de estos vinos. Desde la selección de las variedades de uvas, su cultivo, los cuidados que deben recibir, la cosecha, el procedimiento de producción y finalmente la degustación.

Toda esta ruta se extiende desde el Valle de San Lorenzo atravesando la ciudad de Tarija, donde se sitúan bodegas industriales y viñedos que unen a los municipios de Cercado y Uriondo. Otras regiones que son parte de la ruta del vino son Santa Ana y el Valle de La Concepción donde quien visite este lugar tiene la oportunidad de pasear por las bodegas artesanales e industriales; importantes escenarios en la producción y procesamiento de la vid.

Al son de una caja, instrumento típico de la región, similar a un tambor, de pequeñas dimensiones para ser portado y ejecutado con una sola mano; el erque, instrumento de viento elaborado con el asta de toro y con una boquilla; la guitarra, y con unos cuantos pasos de cueca chapaca, el paseo por Tarija deja a los visitantes las ganas de volver.


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Firma-Doly Leytón