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En la capital de la provincia cruceña Manuel María Caballero, muchos agricultores decidieron cambiar la siembra de hortalizas por el cultivo de uva. Los buenos resultados hicieron que más de 30 familias apuesten por el rubro y sumen otro producto a su amplia oferta.


Texto y Fotos: Rocío Lloret Céspedes /La Región Santa Cruz

Hace 13 años, Delfín Barriga (43) se dio cuenta de que algunos vecinos suyos cultivaban uva en Saipina, con mucho éxito. Recordó a una familia de apellido Guardia, a otra de apellido Galvarro y, claro, trajo a la mente los cultivos de vid del Arzobispado, que luego se transformaban en el vino para consagrar en las misas.

El clima y el esfuerzo de los productores hace que se pueda gozar de este fruto fresco prácticamente en gran parte del año.

Confiado en que el clima templado de su región es apto para este y otro tipo de productos, decidió apostar por el dulce fruto. Además, agrónomo de profesión, necesitaba una alternativa ante el mal momento que vivía la siembra de hortalizas por las plagas y la sequía, así que se metió de lleno al negocio. Demoró cinco años en hacer pruebas de cepas, conocer el mercado y lograr que esto sea rentable. Hoy tiene un viñedo de dos hectáreas, cuatro personas que lo ayudan todo el año y, en época de cosecha, llega a contratar hasta a 30 trabajadores eventuales. Sus uvas se venden en Santa Cruz, Cochabamba, Sucre y La Paz.

Los trabajadores de Delfín Barriga envasan las uvas, que llegarán a mercados de las principales ciudades del país.

Al menos 30 familias del municipio de Saipina cambiaron la siembra de cebolla, papa y otras legumbres por la de vid. Al ser varios y tener el agua del río Mizque, así como el de una represa, pueden tener frutos durante todo el año.

Góver Limón (31) también se dedicaba a las hortalizas, pero hoy tiene dos hectáreas de viñedos y está a la espera de sembrar una tercera. En su caso, lamenta la desleal competencia de la producción de uva peruana, por ejemplo, pero sabe que el sabor hace la diferencia. “En el Perú tienen uvas congeladas del año pasado y esa es la que traen a Bolivia, por eso es más barata. La nuestra, en cambio, es natural y, por la tierra y el clima, es dulce”, explica.

Barriga explica que apostó por este producto debido a que requiere menos cuidados que las hortalizas y genera más recursos.

En su caso tiene hasta cuatro variedades, todas traídas de Tarija. Tanto él como Delfín aspiran a, más adelante, tener otras cepas para incursionar en la producción de vino.

De los valles a Bolivia

Más allá de esta nueva incursión, Saipina es un municipio muy conocido por la variedad de alimentos que produce, pero también por tener una de las mejores chancacas o “empanizaos” de la región, los mismos que llegan a todo el país.

El bagazo de la caña de azúcar luego sirve para atizar el fuego en el que se elabora el melao.

Yim Senzano (37) es uno de los principales productores, oficio que heredó de sus padres. Empezó a dedicarse a esto cuando era adolescente y cuando eran los caballos los que hacían mover el trapiche. Por entonces –recuerda– apenas se sacaba seis turriles de caldo de caña; hoy en día, con maquinaria funcionando todo el día, él logra obtener hasta 24. El dulce jugo luego pasa por unos tubos a distintas pailas, donde hierve en fogones atizados por el bagazo de la planta. En cada espacio, una persona se encarga de moverlo hasta que se convierta en miel, para finalmente lograr un punto en que se transforme en un bloque rectangular, que está listo para la venta.

Actualmente se utiliza tecnología para extraer el jugo, antes eran los caballos los que hacían mover el trapiche.

Ramón Ramos, uno de los trabajadores de Yim, cuenta que cuando recién llegó a este lugar solo quería estar en la sombra y tomar agua, porque soportar las altas temperaturas bajo un inclemente sol, suele ser una tortura. “Ahora estoy acostumbrado”, afirma enfundado en ropa de algodón, para cuidar su piel.

En estos inmensos recipientes, a un calor extremo se hierve el líquido que se convertirá en chancaca.

Diariamente en este lugar salen hasta 400 bloquecitos de chancaca. Compradores de todo el país llegan hasta aquí para llevarse el producto por piezas o por quintales. “Lo usan para la chicha, para Todos Santos, para hacer panetones e incluso para curar heridas de la piel”, asegura Senzano.

Con sello propio

A la entrada de Saipina, mujeres afanosas ofrecen el “empanizao” saipineño, muy conocido por su pureza. Es algo así como que no se puede llegar a este pueblo y no probarlo. Ahora las autoridades municipales buscan mostrar esa riqueza y hacer conocer a los turistas que también acá se produce uva y frutillas, así como el tejido de prendas.

“La temperatura es muy agradable, no hace frío, más bien es un clima templado. El turista puede ir al río a disfrutar, a las moliendas, conocer la producción de uva, frutilla, tejidos. Ahora queremos enganchar eso y mostrar los monumentos arqueológicos, para eso reactivamos la mancomunidad. Claro, una de las deficiencias que vimos es el alojamiento, pero vamos a motivar a los propietarios a que hagan ambientes adecuados. Actualmente tenemos como cinco, pero no abastecen a la demanda”, dice el alcalde Hernando Becerra.

Bloques de chancaca listos para la venta. Los compran por quintales y los llevan prácticamente a todo el país.

Para finales de 2018 se tiene prevista la entrega de una carretera pavimentada. Con esa conexión caminera se prevé que llegar a Saipina demorará cuatro horas y no casi siete como es ahora. Además de las ventajas que habrá para sacar los productos, se espera que más gente llegue a conocer las riquezas del municipio, todo un dulce desafío.

Cómo llegar

Los buses a Saipina parten todos los días a las 13.30, del cuarto anillo de la doble vía a La Guardia. La parada de Trans Saipina está frente al Hipermaxi de la zona, en Santa Cruz de la Sierra. En fin de semana aumenta la frecuencia, tanto para ir como para retornar. Se puede pedir mayor información al respecto en el teléfono (591) 3-3525287. El viaje demora entre siete u ocho horas, y el costo aproximado del pasaje es entre Bs 30 y 35.

Antes de viajar, debe saber que en el pueblo hay cinco alojamientos. El clima es templado, con un promedio de 20 grados centígrados durante todo el año, aunque en época de primavera y verano puede hacer más calor. En el equipaje es bueno poner un bloqueador solar y una gorra para protegerse.


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